En el corazón de la localidad de Maipo, comuna de Buin, una iniciativa comunitaria demuestra a diario que la empatía y la generosidad no dependen de la abundancia material, sino de la voluntad de servir. Se trata del Comedor Elim, una obra benéfica autogestionada y levantada por Priscilla Nataly Soto Cancino, una vecina que, lejos de contar con grandes recursos económicos, ha transformado su propio esfuerzo cotidiano en un plato caliente y un refugio para decenas de personas.
El origen: de ollas comunes a un proyecto de vida
La vocación solidaria de Priscilla se intensificó durante la pandemia de 2020. En aquellos meses críticos marcados por la cesantía y la escasez, comenzó a entregar alimentos a personas en situación de calle en Maipo junto a colaboradoras del sector. Sin embargo, cuando las restricciones sanitarias cesaron y las ayudas de emergencia terminaron, la necesidad no desapareció.
Priscilla se prometió a sí misma que, cuando lograra tener su casa propia, abriría un espacio formal para no dejar desamparadas a las personas que dependían de ese sustento. Concretado su hogar, nació el Comedor Elim, un proyecto familiar que gestiona codo a codo junto a su hija Francisca, de 18 años, y su entorno cercano.
Multiplicar con lo poco: partir nueces para alimentar al prójimo
El financiamiento base del comedor ha dependido directamente del modesto ingreso que Priscilla obtiene trabajando desde su casa como partidora de nueces. Pese a tener una familia que sostener, destina una parte sustancial de ese dinero a comprar mercadería y costear la cocina.
El Comedor Elim entrega almuerzos de manera regular —principalmente los días miércoles y viernes— a cerca de 40 personas por jornada. Entre quienes acuden se encuentran personas en situación de calle, habitantes de rucos y campamentos, adultos mayores solos, niños y vecinos que atraviesan momentos económicos difíciles .
“A veces no es sólo el plato de comida, a veces es la compañía. Mucha gente busca eso: una palabra, un abrazo, contención. El comedor es cariño y compañía” — Priscilla Soto.
Para mantener el menú al día, Priscilla y Francisca han tejido redes con microbancos de alimentos locales y feriantes de la comuna, rescatando frutas y verduras que aún están en óptimas condiciones para evitar el desperdicio.
La comunidad y el comercio local se suman
La historia se visibilizó en la zona gracias a la cobertura de medios locales como el programa Chaparrita en la Tele y Buin Alerta (disponible en su emisión de YouTube). Tras conocerse el caso en la comuna, empresarios y vecinos comenzaron a tender la mano. Destaca la ferretería Clemont y Outlet del Maipo, cuyo dueño, conmovido por la entrega desinteresada de la familia, realizó un aporte directo de un millón de pesos para mejorar el techado y el equipamiento del recinto.
Cómo colaborar con el Comedor Elim
La iniciativa no cuenta con subsidios estatales ni subvenciones fijas; subsiste a base de donaciones de particulares, manos voluntarias y aportes en insumos:
- Alimentos no perecibles: Arroz, fideos, legumbres, aceite, salsa de tomate y conservas.
- Verduras, carnes y abarrotes: Para la preparación de los almuerzos de la semana.
- Artículos de aseo e infraestructura: Ollas industriales, cilindros de gas, cubiertos, platos y materiales para acondicionar el espacio contra el frío y la lluvia.
- Contacto y seguimiento: Las actividades, necesidades inmediatas y registros de entregas se publican a través de sus canales directos: